Historia, pintura, gastronomía,... Si a eso le sumamos un fino o un tinto de la Cooperativa de la Aurora obtendremos la fórmula mágica que consiguió que ayer los perros de El Coloquio y todo aquel que se quiso sumar a la II Ruta turística se fueran con un buen sabor de boca a la cama.
¿Cómo fue eso? Muy fácil, los perros del coloquio después del éxito obtenido tras la primera visita turística decidieron organizar la segunda, con el objetivo de dar a conocer a los ciudadanos rincones llenos de historia de esta localidad de la campiña cordobesa.
Montillanos y personas llegadas de distintos puntos de la provincia se dieron cita en la Casa del Inca; allí fue donde comenzó el periplo para continuar después por la Casa de las Aguas, sede del actual Museo Garnelo y de la Biblioteca Manuel Ruiz Luque. En dicho museo se contó con las valiosas colaboraciones de Elena Bellido, licenciada en historia del arte, y de Manuel Cabello de Alba, mecenas del museo, que nos llevaron de la mano por las instalaciones, ilustrándonos sobre la vida y la obra del prestigioso pintor José Garnelo.
Tras acabar la visita en la pinacoteca pasamos a la biblioteca, donde fuimos testigos de lo bien que se conservan los miles de ejemplares, algunos de los cuales tienen hasta cinco siglos de antigüedad: Su mentor, el bibliófilo montillano Manuel Ruiz Luque, fue quien nos guió a través de sus volúmenes.
La Casa de las Aguas quedó atrás y nos dirigimos a la Cooperativa de la Aurora, donde se puso el broche de oro al domingo. Allí, su presidente, Juan Rafael Portero, nos recibió y amablemente nos explicó el proceso que sigue la uva desde su recepción hasta que luego con posterioridad a su transformación llega a nuestra copa para deleite de nuestros sentidos.
Nos acompañó por las instalaciones, pudiendo comprobar así el arduo proceso, y finalizó nuestra visita rodeados de botas, con un catavino en la mano y degustando unas tapas típicas de nuestra gastronomía. Así, el tapeo, el vino y la buena conversación pusieron fin a un domingo cultural en el cual, además, fuimos emplazados por el presidente de la Cooperativa al mes de febrero para disfrutar de los aceites del año con un desayuno molinero.
Qué más se puede pedir... Agradecer a todos aquellos que nos acompañaron en la visita de ayer, pedir disculpas a todos los que quisieron venir y no pudieron por estar ya completo el número de plazas, y animar a todo aquel que le apetezca a que nos acompañe en las futuras. En esa ocasión intentaremos no tener que decir a nadie que nos hemos quedado sin sitio.
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